Los 5 fallos que te dejan tirado en una salida (y cómo verlos antes de salir de casa)
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Ninguna de estas cinco cosas se rompe de repente. Todas avisan. El problema es que avisan en el garaje, en silencio, y nosotros nos enteramos a 40 km de casa y con el grupo esperando. Diez minutos el día antes evitan casi todas.
1. El pinchazo que no era un pinchazo
Pinchas, cambias la cámara, y a los cinco kilómetros vuelves a pinchar. Clásico. Casi siempre significa que lo que te clavaste sigue ahí, dentro de la cubierta, y no lo has buscado.
Antes de salir: pasa el dedo por dentro de la cubierta cada vez que la desmontes. Despacio, dando la vuelta entera. Y comprueba que la cámara de repuesto tiene la válvula lo bastante larga para tu llanta — con llantas de perfil alto una válvula corta no sirve de nada.
En ruta: si repites pinchazo en el mismo sitio, no sigas cambiando cámaras. Para, desmonta y busca.
2. La cadena que ya estaba pidiendo el cambio
Una cadena estirada no se rompe: patina bajo carga, justo cuando te levantas del sillín en una rampa. Y si la dejas correr, se come el casete y los platos. Ahí la reparación pasa de 25 € a más de 150 €.
Antes de salir: un calibrador de cadena cuesta poco más de lo que vale un café con churros y se usa en diez segundos. Si marca 0,75, la cadena está en la última llamada. Si marca 1,0, ya te has comido el casete.
En ruta: poco que hacer sin tronchacadenas. Por eso este es de los que se resuelven en casa o no se resuelven.
3. Frenos que llegan justos
El freno rara vez falla de golpe. Primero suena, luego muerde raro, luego la maneta llega al manillar.
Antes de salir: mira el grosor de la pastilla. Si el material de fricción está por debajo de medio milímetro, cámbiala. Si oyes metal contra metal, ya has llegado tarde: estás rayando el disco. Y aprieta la maneta con la bici parada: si se va blanda hasta el puño, hay aire en el circuito.
En ruta: frenar con lo que quede, bajar el ritmo y avisar al grupo. Un freno tocado no se arregla en la cuneta.
4. La patilla del cambio doblada en el maletero
Este es el que más quedadas ha reventado. La bici viaja tumbada en el coche, apoyada sobre el lado del cambio, y llega con la patilla torcida un par de milímetros. Nadie lo ve. En el primer cambio a piñón grande, el cambio entra en los radios y se acabó el día — y a veces también el cambio.
Antes de salir: con la bici de pie por detrás, mira si la caja del cambio queda paralela a los piñones. Si está abierta hacia fuera, no salgas sin revisarla.
En ruta: una patilla de repuesto pesa 20 gramos y cuesta menos de 15 €. Llévala en el sillín. Sin ella, el arreglo es acortar cadena y volver en singlespeed.
5. Lo que se afloja sin avisar
Tija que baja sola a mitad de ruta, potencia que se mueve un grado, eje pasante que nadie cerró del todo. No son averías: son aprietes.
Antes de salir: repasa con llave dinamométrica lo que toque el manillar, la potencia y la tija. Casi todos los componentes llevan el par de apriete escrito al lado del tornillo. Apretar "a ojo, fuerte" es la forma más común de partir una abrazadera de carbono.
En ruta: revisa siempre que la rueda esté bien cerrada antes de arrancar, sobre todo si acabas de cambiar una cámara.
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Cuatro de estos cinco se previenen en diez minutos, sin herramientas raras y sin saber nada de mecánica. Ese es el mensaje: la mayoría de los días perdidos no se pierden por mala suerte.
El quinto — y la parte de arreglarlo con las manos, no de detectarlo — es otra historia. Cambiar una cámara leyendo un post y cambiarla en la cuneta, con frío y con seis personas mirando, no se parecen en nada.
Por eso hemos montado un clinic de mantenimiento con Rafa Soria, más de veinte años de posventa en Shimano, en Madrid en septiembre. Grupo pequeño y las manos sucias desde el primer minuto.
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